Sobre la Red


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24.2.04
 
Anclados en el pasado

El Víbora se dirige al cierre y sus responsables piden al público que se apiade de ellos y que compre la revista para evitar su fin. Optan por culpar al mundo y perdonarse a sí mismos por no evolucionar. Su mala situación, dicen, se debe a que los gustos del público han cambiado mientras que ellos quieren seguir en la línea que han tenido siempre. Entonces, que no busquen otros responsables ni la caridad ajena. Es su problema y de nadie más.

Y, como no, una vez más aparece el mensaje tecnófobo: "la vieja guardia ha ido dejando de comprarla y los jóvenes se sienten más atraídos por Internet, las vídeoconsolas o los móviles". Qué pena. ¿Acaso pretenden que renunciemos al desarrollo tecnológico para que ellos sigan vendiendo. ¿No se han planteado adaptarse a la nueva realidad y ofrecer contenidos para los nuevos formatos? La respuesta está clara cuando se visita su sitio web: no.

El problema, aunque ellos no parecen haberse enterado, no está en Internet y otras tecnologías de comunicación y ocio. Se encuentra en la incapacidad para adaptarse. El ejemplo más claro se encuentra en los dos tradicionales gigantes del erotismo.
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