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W W W . C H I N C H E T R U . C O M

2.7.03
 
No se aceptan clientes europeos

Desde el día 1 están en vigor las nuevas normas sobre el IVA para el comercio electrónico en la Unión Europea. Lo primero que uno se pregunta es cómo van a conseguir controlar que se cumplan y cómo van a castigar a las empresas extracomunitarias que no las cumplan.

Aceptando que las autoridades de los Quince puedan conseguir lo anterior, hay que plantearse las consecuencias reales de la norma. Un efecto beneficioso es que las punto com europeas recuperan competitividad frente a las del resto del mundo cuando vendan sus productos a clientes de fuera de la Unión (ya no van a tener que cobrar el IVA en estas operaciones). Sin embargo, puede haber varias consecuencias negativas para los consumidores que viven en la UE.

Para empezar, los habitantes de la UE van a ver como se encarecen los productos afectados por la nueva normativa que compraban por Internet fuera del territorio de la Unión, puesto que van a tener que pagar el IVA. Pero ahí más, tal vez tengan que renunciar a adquirir ciertos bienes y servicios de determinadas compañías. La recién estrenada legislación obliga a las empresas extracomunitarias que quieran vender a consumidores de los Quince a registrarse en un Estado miembro. Esto puede suponer molestias y gastos excesivos para negocios punto com que no obtienen grandes ingresos de sus clientes de la UE (pensemos, por ejemplo, en algún periódico digital asiático que cobre por acceder a sus contenidos). Para dichas compañías la opción más rentable es renunciar al escaso volumen de negocio que consiguen en la Unión. De esta manera, pueden comenzar a aparecer en sites de todo el mundo mensajes del tipo: "No se aceptan clientes europeos".

En su afán por proteger a las compañías europeas y al mismo tiempo engordar las haciendas de los Estados miembros, las autoridades comunitarias han perjudicado a los ciudadanos.
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Gates, uno de los tres padres de Linux

En el capítulo 13 ("La tradición oral") de En el principio fue la línea de comandos, Neal Stephenson asegura que Linux es posible gracias a una "especie de extraña Trinidad: Linus Torvalds, Richard Stallman, y Bill Gates. Elimínese cualquiera de estos tres, y Linux no existiría". Esta afirmación puede parecer herética a los más radicales partidarios del software libre, pero no deja de ser cierta.

Stephenson recuerda que la estrategia de Microsoft –que al contrario que Apple apostó por no vincular su software a un hardware específico– permitió que cayeran los precios del hardware, puesto que cualquiera puede fabricarlo y venderlo. Es cierto que sin ese hardware barato y no diseñado para un software específico el fenómeno Linux no hubiera sido posible.

Precisamente al tratar de conseguir el monopolio en el software mediante la liberalización del hardware, Gates puso uno de los cimientos que permitieron después la aparición de las primeras grietas de importancia en su posición dominante en el mercado de los sistemas operativos y las aplicaciones. A nivel doméstico Linux funciona sobre las mismas máquinas que Windows, formadas por componentes cuyos productores suelen fabricarlos pensando en los productos de Microsoft.

Una cosa es que miles de desarrolladores de todo el mundo participen en la creación de software, que no deja de ser un producto intelectual que no requiere de estructuras industriales, y otra es la fabricación de productos físicos, como es el hardware. Esto último requiere importantes inversiones y una organización industrial imposible en el software libre.

Esta claro que, por mucho que duela tanto en Microsoft como en sectores de la comunidad linuxera, el software libre no hubiera sido posible sin el fabricante de Windows.
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1.7.03
 
El "virus del osito" no termina de marcharse

Hace unos días recibí a través de una lista de correo un mensaje en el que me amablemente me avisaban de que podían haber infectado mi ordenador con el "virus del osito". En cuanto me llegó el e-mail me temí lo que después confirmé. El virus que había "infectado" el equipo del remitente y que podía haber llegado al mío no era el Bugbear, un código malicioso que se expandió hace unos días. Era el jdbgmr.exe, un simple archivo de Windows –sí, ya sé que hay quien considera que este sistema operativo como el gran virus– cuyo icono es un inocente e inofensivo osito de peluche.

Había recibido, una vez más, un clásico del fenómeno hoax. Tengo que reconocer que me sorprendió, creía que ya no existía nadie que siguiera picando en tan vulgar engaño y hacía meses que no me llegaba ese correo. Mi sorpresa fue, sin duda, menor que el enfado que se tuvo que agarrar quien envió el mensaje. A pesar de que le advertí de forma inmediata de que no borrara ese archivo, él ya lo había hecho. Aunque parezca mentira, esta persona no es un caso único. Si él ha picado y ha reenviado el mensaje es gracias a otro usuario de correo electrónico (y de Windows) a la que le ha ocurrido lo mismo, y este, a su vez, por otro más. Así de forma sucesiva hasta el origen de la cadena, que puede estar cientos (o incluso miles) de personas por detrás. Quien me envió este correo no tiene culpa de nada, excepto de conocer poco los instrumentos que tiene a su disposición. Peca de falta de cultura tecnológica, un fenómeno muy extendido.

La falta de cultura tecnológica no se refleja sólo en la negativa a utilizar las nuevas tecnologías. Se puede ser usuario de móvil, ordenador y correo electrónico y carecer de ella. El manejo de los instrumentos es un primer paso para integrarse en eso que llaman Sociedad de la Información, pero no es suficiente. Para hacerlo, se debe tener un conocimiento mínimo del funcionamiento de las herramientas que tenemos a nuestra disposición.
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