Sobre la Red


W W W . C H I N C H E T R U . C O M

26.6.03
 
Soy culpable

Tengo la culpa de culpa de que haya pocos internautas en España. Lo ha dicho el secretario de Estado de Telecomunicaciones y para la Sociedad de la Información. No es que haya dicho que el culpable sea Antonio José Chinchetru, pero es que estoy entre aquellos a los que responsabiliza. La culpa de nuestro retraso es, según él, la falta de informaciones (léase contenidos) y servicios en Internet, tan pocos que no sirven para "justificar el uso de la Red a todos los niveles". Como me dedico a crear contenidos, de forma profesional (mi trabajo como periodista) y de manera particular (esta bitácora), me incluyo entre los responsables de dicho déficit.

El problema es que el argumento de López Blanco no es válido. ¿Se ha molestado alguna vez el secretario de Estado en navegar por Internet? No lo parece. Si algo se puede encontrar en la Red es información y servicios de todo tipo. Claro que aquellos que no se conectan no pueden saberlo. De hecho, los no internautas que escuchen o lean lo que ha dicho el "número dos" de Piqué deducirán lo contrario de la realidad, creerán que Internet no les puede ofrecer ni una cosa ni otra.

Una vez más, estamos ante un intento de no reconocer responsabilidades. Como ya nos tienen acostumbrados desde Ciencia y Tecnología, tratan de culpar a las víctimas.
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24.6.03
 

Elecciones.es, cifras y enseñanzas

En un post de hace varias semanas, hacía referencia a Internet como fuente de información durante la noche electoral de las autonómicas y municipales. Decía que, a pesar de lo que algunos aseguraran, esa jornada fue un éxito para la Red y confirmaba lo que a algunos (televisión, prensa escrita y, en mucha menor medida, radio) pude molestar. Los españoles confían cada vez más en Internet a la hora de informarse.

Lo que escribí entonces sigue siendo válido. No sólo eso. Ahora disponemos de las cifras de audiencia del sitio oficial de las eleccionesdurante aquel día. Son, simplemente, espectaculares para un país con una cantidad de internautas como la que hay en España. Sólo un dato, se ha triplicado el tráfico registrado por su equivalente en las elecciones generales de 2000.

Las administraciones pueden obtener al menos dos enseñanzas de estos datos. La primera es simple: cuando se ofrece un servicio en Internet, y se hace de manera adecuada, los usuarios lo utilizan –la mejor prueba es la declaración on line de la Renta–. Cuando los internautas no responden es cuando no se ofrece o se ofrece de manera inadecuada. La inversión que se haga en mejorar la administración electrónico no va a ser un derroche.

La segunda radica en que es el propio Estado el que ha dado argumentos contra la constante llamada por parte de los poderes públicos a la necesidad de "generar confianza", una supuesta necesidad que ha justificado normas y medidas cuya máxima expresión es la intervencionista LSSI. La "confianza" ya se da entre quienes son internautas. Existe en su sentido de credibilidad, el usuario sabe que informarse con rigor (suele ser lo suficientemente inteligente como para discriminar el rigor de las webs que visita), y este es un ejemplo.

La confianza también se refleja a la hora de realizar operaciones económicas, y vuelve a ser el Estado quien lo demuestra. Una vez más, el creciente éxito de la Renta por Internet lo ratifica. Es cierto que todavía quedan sectores de internautas que desconfían a la hora de pagar a través de la Red. Sin embargo, como escribía hace unas semanas mi compañero Guillermo Rodríguez, las posibilidades de que roben el número de tarjeta de crédito son de una contra 10.000 y es un peligro que también existe cuando utilizas este medio de pago en un comercio tradicional. Rodríguez acertaba en ese mismo artículo al decir que tienen que ser las propias tiendas por Internet quienes deben convencer al público de la seguridad de sus operaciones. Cada vez que un político lanza un mensaje en el sentido de que interviene para crear confianza, lo único que está haciendo es decir a quien no esté informado que la Red todavía no es segura, lo cual es mayoritariamente falso.
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